Para que el incrédulo no piense que la Ciencia y la Religión no pueden coexistir en armonía, debería leer el siguiente notable esfuerzo cooperativo. Lo siguiente apareció en Applied Optics, 11, A14 (1972) y fue citado en A Random Walk in Science, Institute of Physics (1973).

La temperatura del Cielo puede calcularse con bastante precisión a partir de los datos disponibles. Nuestra autoridad es la Biblia. Isaías 30:26 dice: Además, la luz de la Luna será como la luz del Sol y la luz del Sol será siete veces, como la luz de siete días… Así, el Cielo recibe de la Luna tanta radiación como nosotros del Sol y además siete veces siete (cuarenta y nueve) veces más que la Tierra del Sol, o sea cincuenta veces en total. La luz que recibimos de la Luna es una diezmilésima parte de la que recibimos del Sol, por lo que podemos ignorarla.

Con estos datos podemos calcular la temperatura del Cielo. La radiación que cae sobre el Cielo lo calentará hasta el punto de que el calor perdido por la radiación es justo igual al calor recibido por la radiación. En otras palabras, el Cielo pierde cincuenta veces más que la Tierra por radiación. Utilizando la cuarta ley de potencia de Stefan-Boltzmann para la radiación (H/E)4 = 50, donde E es la temperatura absoluta de la Tierra (287 K.) Esto da H como 763 K (490 ºC.)

La temperatura exacta del Infierno no puede ser calculada pero debe ser inferior a 444,6 ºC, la temperatura a la que el azufre cambia de líquido a gas. En Apocalipsis 21:8 se lee: Pero los temerosos e incrédulos… tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre. Un lago de azufre fundido significa que su temperatura debe estar por debajo del punto de ebullición, que es de 444,6 ºC. (Por encima de este punto sería un vapor, no un lago.)

Tenemos, pues, la temperatura del Cielo, 490 ºC. La temperatura del Infierno, menos de 444,6 ºC. Por lo tanto, el Cielo es más caliente que el Infierno.

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